¡Hola mundo!
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Un septiembre de principios de los 90 estuve por primera vez en las tierras orientales. Si a sus habitantes les había ya tocado bailar con la más fea, el período especial ha sido especialmente cruel con ellos: Fidel les dio la espalda y hasta Dios se ha olvidado de enviar lluvia regularmente para calmar la sed de esa tierra herida por una sequía sin precedentes.LA LEGIÓN DEL REGRESO




Había una vez un anciano que pasaba los días pescando, sentado junto al rio, a la entrada de un pueblo. Un día pasó por allí un joven, se acercó y le dijo:
- Disculpe señor, soy nuevo aquí, nunca antes había venido por estos lugares. ¿Cómo es la gente de esta ciudad?
El anciano le respondió con otra pregunta:
-¿Cómo eran los habitantes de la ciudad de donde vienes?
-Egoístas y malvados, por eso estoy contento de haberme marchado de allí.
- Pues precisamente así son los habitantes de esta ciudad -le respondió el anciano.
Un poco después, pasó otro joven, se acercó al anciano y le expuso la misma cuestión:
-Perdone, justamente acabo de mudarme y es la primera vez que voy a entrar en esta ciudad, ¿podría decirme cómo son sus habitantes?
El anciano le respondió de nuevo con la misma pregunta:
-¿Cómo eran los habitantes de la ciudad de donde vienes?
-Eran buenos y generosos, hospitalarios, honestos y trabajadores. Tenía tantos amigos que me ha costado mucho separarme de ellos.
-Pues también los habitantes de esta ciudad son así -respondió el anciano.
Un hombre que había llevado a sus animales a beber agua al rio y que había escuchado ambas conversaciones, en cuanto el segundo joven se alejó le preguntó al anciano:
-¿Cómo puedes dar dos respuestas completamente diferentes a la misma pregunta realizada por dos personas?
-Mira -respondió el anciano-, es muy sencillo. Cada persona lleva el Universo en su corazón. Quien no ha encontrado nada bueno en su pasado, tampoco lo encontrará aquí. En cambio, aquel que tenía amigos en su ciudad, también aquí encontrará amigos fieles y leales. Porque las personas son lo que encuentran en sí mismas. Uno siempre encuentra lo que espera encontrar.
Lalo:
No dejas de sorprenderme con tus cosas y de verdad que tus palabras son

El anhelo de visitarlo superaba el temor a las largas e interminables horas de trayecto, y algunos incitaban ese interés, pues aseguraban que desde allí se divisaban algunos poblados de la India que —si bien no serían muy distintos a los de la Cachemira— era como conocer otro país.
Kahuta fue también un lugar especial por otras razones. Más allá de sus callecitas estrechas y lúgubres, donde en los pequeños comercios amontonados, el polvo y la suciedad lo cubren todo, de sus estrepitosas pendientes y bellos paisajes, adornados por un río ahora seco, de sus pobladores generosos y nobles, era un sitio donde los cubanos trabajaban de sol a sol, apenas sin saber de los suyos —pues es una zona de silencio—, con la única recompensa de saberse útiles.
Los cubanos venían en condiciones de campaña, pero no imaginaron que el frío sería intenso, que encontrarían tantos seres necesitados, niños desamparados, miles de familias sin hogar.
Tras cinco meses de ardua labor asistencial, de descubrimientos y asombros por una cultura y una religión hasta esos momentos desconocidas, había llegado la hora de la retirada. ¡Cómo despedirse con un adiós!, era preferible decir un ¡hasta siempre! al pueblo que con tanta generosidad los había acogido.
Ahora parece increíble el tiempo transcurrido. La partida de los cubanos allí ha sido conmovedora.
Mujeres y hombres paquistaníes lloran el momento. Los niños nerviosos entran a una y otra tienda de campaña en busca de recuerdos, la enfermera de la unidad quirúrgica, no encuentra que más ofrecerles, todo le resulta poco.
Mientras, a pocos pasos del campamento, la comunidad prepara un agasajo. Ni ese día se prescinde del picante en la comida. Pero cubanos y paquistaníes se funden en un abrazo inolvidable. Es una noche de emociones y la madrugada no será menos.
Las tiendas de campaña que sobreviven a la partida —ya que aquí queda un hospital con servicio gratuito— son el mejor recuerdo de lo logrado por los cubanos: más de 27 mil pacientes atendidos y 200 vidas salvadas.
El sueño y el cansancio no faltan, pero las ansias de regresar a la Patria y abrazar a la familia apenas dan tiempo para el descanso. A las tres de la mañana el “de pie” es unánime. Una hora después aún está oscuro. Kahuta duerme mientras la caravana de pequeños autobuses va dejando un rastro de esperanza.
Los cubanos se han ido de esos lugares recónditos donde un día llegaron como simples forasteros, y se han marchado siendo considerados verdaderos hijos. Entre uno y otro pueblo se han entremezclado sentimientos, emociones y, como se ha asegurado con razón, varias generaciones de paquistaníes nunca olvidarán lo que hombres y mujeres, provenientes de un país tan lejano, hicieron por ellos.
Los hijos y los nietos de los pequeños que recibieron tratamiento protésico en nuestro país; aquellos que vieron la luz de la vida gracias a las maravillosas manos de las doctoras y enfermeras; los adultos que fueron rescatados de la muerte, jamás olvidarán a Cuba.
Hoy el regreso a casa no borrará tampoco las imágenes de la vida en campaña, las extenuantes jornadas de trabajo para aliviar un dolor y devolver una sonrisa, y la felicidad proporcionada a millones de personas con una palabra de consuelo, un brazo sobre el hombro y un cariño infinito hacia sus niños.
A mi hermano: Juan Yerandy Ramos Contreras, un excelente médico y mejor persona.
Se que han sido momentos muy duros los que has vivido en Paquistan, no solo como medico sino tambien como persona, al no estar acostumbrado a un clima tan inclemente (me decias que no podias teclear las letras por que tenias los dedos congelados) ni a una pobreza tan desmesurada, pero se que tu entusiasmo por ayudar a aquellos que realmente lo necesitaban, calentaba tu corazon y te hacia olvidar no solo el frio sino tambien la añoranza por los mas queridos.
Hoy que ya todo ha pasado, y luego del temor que sentiamos los que aqui te esperabamos. Quiero darte las gracias por lo buen hermano, lo buen hijo, el excelente padre y esposo que eres; Y decirte que yo estaba, estoy, y estare siempre orgullosa de ti.
Espero que el abrazo que tanto me habria gustado darte a tu llegada a Cuba no se haga esperar mucho.
BIENVENIDO A CASA.
Cuba cuenta con más de 11 millones de habitantes, que nos hemos dado a la tarea de crear una nación homogénea a partir de la propia heterogeneidad de la nación, creada por un propósito político más que por cualquier controversia cultural o racial. Somos una mezcla. No nos hemos aculturado a las costumbres españolas o africanas… Nos producimos a nosotros mismos como un pueblo mestizo que ha heredado y sostiene ambos componentes sin ser ya africanos ni españoles, sino sólo cubanos.
Y el cubano es imaginativo, alegre, desprejuiciado. Tiene “chispa”; da muestra de una clara y viva inteligencia. Es amigo de las bromas y las fiestas, y tiene siempre la sonrisa a flor de labios. Es comunicativo y conversador, quizás en exceso, pero sabe vivir también su vida interior. Es hospitalario, instruido, digno. “Abierto al mundo, gustoso de conocer lo nuevo para ajustarlo a su imaginación creadora, unido y unidor desde las revoluciones del siglo pasado, fiel a su experiencia e identidad históricas, desposeído de rasgos xenófobos; así es el cubano que quizás por hallarse en tierra que ha sido, y es, crucero del mundo, piense como Martí que “Patria es Humanidad”. Baila y camina, y canta, canta hondo, al ritmo embrujante de la percusión de la música. Y crea, además, melodías que han recorrido el mundo, tanto o más que las de otros pueblos, pues cada uno se expresa para todos a su manera. No pierde su talante, cualquiera que sea la tarea por hacer, porque sabe que cuanto desea –ser él mismo y no disfraz exótico de otros- se hará.


"Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?".
El maestro sin mirarlo, le dijo:
Cuanto lo siento muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mi propio problema. Quizás después. Y haciendo una pausa agregó:
Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este problema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar.
Encantado, maestro titubeó el joven, pero sintió que otra vez era desvalorizado, y sus necesidades postergadas.
Bien asintió el maestro. Se quitó un anillo que llevaba en el dedo pequeño y dándoselo al muchacho, agregó: toma el caballo que está allá afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anilloporque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Ve y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.
El joven tomó el anillo y partió. Apenas llegó empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Estos lo miraban con algún interés, hasta que el joven decía lo que pretendía por el anillo. Cuando el joven mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le daban vuelta la cara y sólo un viejito fue tan amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de un anillo. En afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un cacharro de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro y rechazó la oferta.
Después de ofrecer su joya a toda persona que se cruzaba en el mercado, más de cien personas, y abatido por su fracaso, montó su caballo y regresó.
Cuanto hubiera deseado el joven tener él mismo esa moneda de oro, podría entonces habérsela entregado él mismo al maestro para liberarlo de su preocupación y recibir entonces su consejo y ayuda.
Entró en la habitación. Maestro dijo lo siento, no pude conseguir lo que me pediste. Quizás pudiera conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.
Qué importante lo que dijiste, joven amigo contestó sonriente el maestro Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero. ¿Quién mejor que él para saberlo?Dile que quisieras vender el anillo y pregunta cuánto te da por él, pero no importa lo que ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.
El joven volvió a cabalgar. El joyero examinó el anillo a la luz del candil con su lupa, lo pesó y luego le dijo:
Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya, no puedo darle más que 58 monedas de oro por su anillo.
58 MONEDAS !!!!!!!!!!!!!!!!! Exclamó el joven.
Si -replicó el joyero- yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de 70 monedas, pero no sé… si la venta es urgente.
El joven corrió emocionado a la casa del maestro a contarle lo sucedido.
Siéntate dijo el maestrodespués de escucharlo. Tú eres como este anillo: una joya valiosa y única. Y como tal, sólo puede evaluarte verdaderamente un experto. ¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?.
Y diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo pequeño.

Una breve y profunda reflexión sobre las posesiones y las carencias, sobre la alegría y la soledad…
Un Padre lleva a su hijo de vacaciones por Africa.
Al concluir el viaje y de regreso a casa el padre le pregunta a su hijo:
- ¿Qué te pareció el viaje?.
- ¡Muy bonito papá!.
- ¿Viste que tan pobre puede ser la gente?.
- ¡Si!.
- ¿Y que aprendiste?.
- Vi que nosotros tenemos un perro en casa, ellos tienen cuatro.
Nosotros tenemos una alberca que llega desde el muro a la mitad del jardín, ellos tienen un arroyo que no tiene fin.
Nosotros tenemos unas lámparas importadas en el patio, ellos tienen las estrellas.
El patio llega hasta el muro de la casa, ellos tienen todo un horizonte de patio.
Ellos tienen tiempo de conversar y convivir en familia; tu y mi mamá tienen que trabajar todo el tiempo y casi nunca los veo.
Al terminar el relato, el padre se quedo mudo… y su hijo agrego:

Nunca te quejes de nadie, ni de nada, porque fundamentalmente tu has hecho lo que querías en tu vida. Acepta la dificultad de edificarte a ti mismo y el valor de empezar corrigiéndote El triunfo del verdadero hombre surge de las cenizas de su error.
Nunca te quejes de tu soledad o de tu suerte, enfréntala con valor y acéptala. De una manera u otra es el resultado de tus actos y prueba que tu siempre has de ganar.
No te amargues de tu propio fracaso ni se lo cargues a otro, acéptate ahora o seguirás justificándote como un niño. Recuerda que cualquier momento es bueno para comenzar y que ninguno es tan terrible para claudicar.
No olvides que la causa de tu presente es tu pasado así como la causa de tu futuro será tu presente.
Aprende de los audaces, de los fuertes, de quien no acepta situaciones, de quien vivirá a pesar de todo, piensa menos en tus problemas y más en tu trabajo y tus problemas sin eliminarlos morirán.
Aprende a nacer desde el dolor y a ser más grande que el más grande de los obstáculos, mírate en el espejo de ti mismo y serás libre y fuerte y dejarás de ser un títere de las circunstancias porque tu mismo eres tu destino.
Levántate y mira el sol por las mañanas y respira la luz de¡ amanecer. Tú eres parte de la fuerza de tu vida, ahora despiértate, lucha, camina, decídete y triunfarás en la vida; nunca pienses en la suerte, porque la suerte es: el pretexto de los fracasados.