Un halo de misterio y curiosidad despertó siempre el hospital cubano ubicado en Kahuta. Era el más alejado de la zona de la Cachemira paquistaní y para llegar hasta allí se necesitaban muchas horas de camino.

El anhelo de visitarlo superaba el temor a las largas e interminables horas de trayecto, y algunos incitaban ese interés, pues aseguraban que desde allí se divisaban algunos poblados de la India que —si bien no serían muy distintos a los de la Cachemira— era como conocer otro país.

Kahuta fue también un lugar especial por otras razones. Más allá de sus callecitas estrechas y lúgubres, donde en los pequeños comercios amontonados, el polvo y la suciedad lo cubren todo, de sus estrepitosas pendientes y bellos paisajes, adornados por un río ahora seco, de sus pobladores generosos y nobles, era un sitio donde los cubanos trabajaban de sol a sol, apenas sin saber de los suyos —pues es una zona de silencio—, con la única recompensa de saberse útiles.

Los cubanos venían en condiciones de campaña, pero no imaginaron que el frío sería intenso, que encontrarían tantos seres necesitados, niños desamparados, miles de familias sin hogar.

Tras cinco meses de ardua labor asistencial, de descubrimientos y asombros por una cultura y una religión hasta esos momentos desconocidas, había llegado la hora de la retirada. ¡Cómo despedirse con un adiós!, era preferible decir un ¡hasta siempre! al pueblo que con tanta generosidad los había acogido.

Ahora parece increíble el tiempo transcurrido. La partida de los cubanos allí ha sido conmovedora.

Mujeres y hombres paquistaníes lloran el momento. Los niños nerviosos entran a una y otra tienda de campaña en busca de recuerdos, la enfermera de la unidad quirúrgica, no encuentra que más ofrecerles, todo le resulta poco.

Mientras, a pocos pasos del campamento, la comunidad prepara un agasajo. Ni ese día se prescinde del picante en la comida. Pero cubanos y paquistaníes se funden en un abrazo inolvidable. Es una noche de emociones y la madrugada no será menos.

Las tiendas de campaña que sobreviven a la partida —ya que aquí queda un hospital con servicio gratuito— son el mejor recuerdo de lo logrado por los cubanos: más de 27 mil pacientes atendidos y 200 vidas salvadas.

El sueño y el cansancio no faltan, pero las ansias de regresar a la Patria y abrazar a la familia apenas dan tiempo para el descanso. A las tres de la mañana el “de pie” es unánime. Una hora después aún está oscuro. Kahuta duerme mientras la caravana de pequeños autobuses va dejando un rastro de esperanza.

Los cubanos se han ido de esos lugares recónditos donde un día llegaron como simples forasteros, y se han marchado siendo considerados verdaderos hijos. Entre uno y otro pueblo se han entremezclado sentimientos, emociones y, como se ha asegurado con razón, varias generaciones de paquistaníes nunca olvidarán lo que hombres y mujeres, provenientes de un país tan lejano, hicieron por ellos.

Los hijos y los nietos de los pequeños que recibieron tratamiento protésico en nuestro país; aquellos que vieron la luz de la vida gracias a las maravillosas manos de las doctoras y enfermeras; los adultos que fueron rescatados de la muerte, jamás olvidarán a Cuba.

Hoy el regreso a casa no borrará tampoco las imágenes de la vida en campaña, las extenuantes jornadas de trabajo para aliviar un dolor y devolver una sonrisa, y la felicidad proporcionada a millones de personas con una palabra de consuelo, un brazo sobre el hombro y un cariño infinito hacia sus niños.

 

A mi hermano: Juan Yerandy Ramos Contreras, un excelente médico y mejor persona.

Se que han sido momentos muy duros los que has vivido en Paquistan, no solo como medico sino tambien como persona, al no estar acostumbrado a un clima tan inclemente (me decias que no podias teclear las letras por que tenias los dedos congelados) ni a una pobreza tan desmesurada, pero se que tu entusiasmo por ayudar a aquellos que realmente lo necesitaban, calentaba tu corazon y te hacia olvidar no solo el frio sino tambien la añoranza por los mas queridos.

Hoy que ya todo ha pasado, y luego del temor que sentiamos los que aqui te esperabamos. Quiero darte las gracias por lo buen hermano, lo buen hijo, el excelente padre y esposo que eres; Y decirte que yo estaba, estoy, y estare siempre orgullosa de ti.

Espero que el abrazo que tanto me habria gustado darte a tu llegada a Cuba no se haga esperar mucho.

BIENVENIDO A CASA.

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